Un día como hoy nació La Voz
30 Septiembre, 2005
Sigo en la onda de recordar natalicios…
Un 30 de septiembre de 1946 nace en el pueblo de Ponce, Puerto Rico, Héctor Juan Pérez. Años más tarde se trasladaría a la ciudad de Nueva York, donde conocería al trombonista Willie Colón y con éste empezaría la carrera que lo llevó al éxito. Nacía Héctor Lavoe: La Voz.
A partir de ese momento pasaría a ser una de las estrellas más talentosas de la salsa. Formó parte de Las Estrellas de La Fania y nos regaló canciones como: “Calle Luna, Calle Sol”, “La murga”, “Che Che Colé”, “El Todopoderoso”, “Mi gente”, entre muchísimas que ahora no recuerdo. Al final de su vida entró en decadencia, bajó su popularidad y se entregó al alcohol y las drogas. Varios percances lo llevaron hasta el intento de suicidio. Además, en su desgracia es abusado por productores que se lucraron presentándolo en espectáculos cuando ya casi no podía ni hablar. Muere en 1993.
Al momento de la muerte de Héctor Lavoe, Willie Colón se encontraba de gira por España y conmovido por este hecho, dejó este escrito:
Graduado en la Universidad de Refraneo con altos honores. Miembro del Gran Círculo de los Soneros de los Soneros. Poeta de la calle, maleante honorario, héroe y mártir de las guerras cuchifriteras donde batalló valientemente por muchísimos años. “Los capitanes de la mandinga” lo respetaban. Por eso lo bautizaron “El Cantante de los Cantantes”. Los beginners le temían. Cuando se trataba de labia, Héctor Lavoe era un bravo. En cuestiones de negocio, amor y amistad, no lo era. El pueblo fue cómplice en esta tragedia. Héctor le podía mentar la madre a todo el mundo y el público se reía. Lo malcriaron.
La historia de Héctor Lavoe está llena de traiciones y desengaños. El jibarito good looking que volvía a todas las mamises locas quería también ser un malote de barrio. Con el tiempo los “regalitos” de sus “amigos” de traqueteo se convirtieron en gruesas y pesadas cadenas. Este fallo repercutió en una serie fatal que al final nos llevó a ese muchacho que le cantó al Todopoderoso con todo su corazón. También fue traicionado por el mundo del negocio; disqueros que siguen viviendo como jeques sauditas vendiendo sus discos y revendiéndolos en CD sin pagar regalías, mientras Lavoe quedó lánguido en su pobreza; promotores que le ofrecían migajas para poder vender boletos a sus espectáculos donde exhibían a “El Cantante de los Cantantes” en su agonía; impostores tratando de reclamar la carrera y la memoria de Héctor Lavoe como propiedad personal; la comunidad latina legal también le dio la espalda cuando reclamamos de su ayuda para defenderlo contra la explotación; y yo, que también lo traicioné al no tener el valor de verlo en esa condición
La canción por la que siempre será recordado, entre todas las excelentes piezas que grabó, fue una obra escrita por Rubén Blades. Con ustedes, “El Cantante”:
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