22 Diciembre, 2004
¡Por favor! ¡Por favor! ¡Por favor!… yo me porto bien el año que viene…
20 Diciembre, 2004
Se acercan los días de navidad y los que tenemos la familia en el interior hacemos lo (im)posible para poder pasar estos días reunidos. Normalmente es de pensarse el viaje a San Cristóbal en autobús. Son 12 horas de viaje y en estas fechas los terminales son un caos. Pero todo vale por estar al lado de los tuyos.
Hace unos días, ordenando un poco el desastre de mi habitación antes de viajar, vi que tenía montañas de papeles. Facturas, recibos, tarjetas, etc… así que decidí botar lo que no sirviera. Entre la montaña de papeles que ya estaban en una bolsa vi tantas cosas que pensé: siempre te arrepientes de botar algo porque piensas que lo vas a necesitar y, seguramente, pasa otro año allí y ni de vaina lo vuelves a mirar o a necesitar.
Luego de un rato, encuentro un sobre de estos de Aeropostal y al revisarlo recuerdo que ese fue un viaje que hice hacía ya casi un año para la Tierra Prometida (véase, Estado Táchira) y en el cual un familiar me ofreció el aventón para la capital. ¡Caramba! me había sobrado un pasaje de regreso y no lo recordaba. Luego recordé que lo mismo me había pasado unos meses antes en un vuelo a Barquisimeto y me puse a buscar como loco el ticket. Lo encontré. En esa oportunidad el viaje de ida lo hice en vuelo privado en una de esas pocas ocasiones de “rich and famous” que te ofrece la vida, gracias a una “cola” que me ofrecieron.
Pensé que tenía oportunidad de hacer algo con ellos y esa misma tarde me lancé para la oficina de Aeropostal. Llegué al lugar y le dije a la señorita (poniendo mi cara de experto en viajes aeronáuticos) que allí tenía un par de pasajes ida y vuelta en los que (blablabla)… Ella procedió a teclear una innumerable cantidad de veces. Luego sacó una calculadora… sumó, restó, multiplicó, dividió, sacó raíces cuadradas, me miró, chequeó mi documento de identidad, sacó la hipotenusa y finalmente dijo lo que más deseaba: “Efectivamente señor, todavía los puede cambiar. Dígame la ruta para la que los desea y chequearemos”
¡Uff! tenía 300 y pico de mil de bolívares para cambiarlos por un pasaje ida y vuelta. Pregunté por la ruta, los días de ida y regreso y ¡voilà! mi regalo de navidad. Pasaje ida y vuelta y un excedente de 30 mil bolívares para canjearlos en mi próximo destino. Ya estoy mucho más tranquilo. Viajo en un par de días y tan sólo en 45 minutos estaré besando el suelo tachirense. jajajaja!
Definitivamente todavía hay que creer en la navidad… jajajajaj!! perdón! jojojojoooo!!!